Blue in Green

•Julio 13, 2009 • Deja un comentario

Subterfugio Clorofórmico

•Julio 13, 2009 • Deja un comentario

Dime por qué todavía te deseo, por qué tu nombre vuelve

como el hacha a la herida en una amarga visitación de

medianoche, a la vera de un campo funerario.

donde las larvas multiplican húmedas babas, recuento interminable de torpezas.

Dime desde esa nada donde ahora te atrincheras,

dime por qué me basta componer un mecanismo elemental de sílabas,

discar en el cogollo de la niebla las cifras de tu nombre

para que solitariamente me agobie la esperanza de una menuda migración

de dedos por mi pelo, de una fragancia en donde habita el musgo.

Julio Cortázar

Far From Me

•Julio 12, 2009 • Deja un comentario

Con AlevosíA

•Julio 12, 2009 • Deja un comentario


Te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
te mataré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños
y será como cópula o semen en los labios
como beso o abrazo, o como acción de gracias
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
y en el pico me traiga la orden de tu muerte
que será como beso o como acción de gracias
o como una oración porque el día no salga
te mataré mañana cuando la luna salga
y ladre el tercer perro en la hora novena
en el décimo árbol sin hojas ya ni savia
que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra

te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde
te mataré mañana, y pedirás perdón
por esa carne obscena, por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro, el olvido
te mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores, y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra
te mataré mañana cuando la luna salga,
y así desde aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación

te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida
te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas
te mataré mañana cuando la luna salga
te mataré mañana y amaré tu fantasma
y correré a tu tumba las noches en que ardan
de nuevo en ese falo tembloroso que tengo
los ensueños del sexo, los misterios del semen
y será así tu lápida para mí el primer lecho
para soñar con dioses, y árboles, y madres
para jugar también con los dados de noche
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra.

Leopoldo María Panero.

En La Sed Mortal

•Julio 7, 2009 • Deja un comentario

Diatriba Emocional

•Julio 6, 2009 • Deja un comentario

Me pedía constantemente que abriera los ojos y que le mirara, pero yo no podía hacerlo, sobre todo cuando mi sexo comenzaba a hincharse, a engordar ostentosamente, y me imponía la estúpida obligación de estar a solas, sola con él, para poder advertir plenamente su grotesca metamorfosis, de todas maneras lo intentaba, intentaba mirarle, y abría los ojos, y le encontraba allí, la cara colgando sobre la mía, la boca entreabierta, y veía mi cuerpo, mis pezones erguidos, largos, y mi vientre que temblaba, y el suyo, veía cómo se movía su polla, cómo se ocultaba y reaparecía constantemente más allá de mis pocos pelos supervivientes, pero el mero hecho de ver, de mirar lo que estaba sucediendo, aceleraba las exigencias de mi sexo, que me obligaba otra vez a cerrar los ojos, y entonces volvía a escuchar su voz, mírame, y si me obstinaba en mi soledad, notaba también sus acometidas, mucho más violentas de repente, nuevamente hirientes, por no abrir los ojos, dejaba caer sobre mí todo el peso de su cuerpo, resucitando el dolor, moviéndose deprisa, y bruscamente, hasta que le obedecía, y abría los ojos, y todo volvía a ser húmedo, fluido, y mi sexo respondía, se abría y se cerraba, se deshacía, yo me deshacía, me iba, sentía que me iba, y dejaba caer los párpados inconscientemente, para volver a empezar.

“Apenas un instante después, todas las cosas comenzaron a vacilar a mi alrededor. Pablo se apoderaba de mí, su sexo se convertía en una parte de mi cuerpo, la parte más importante, la única que era capaz de apreciar, entrando en mí, cada vez un poco más adentro, abriéndome y cerrándome en torno suyo al mismo tiempo, taladrándome, notaba su presión contra la nuca, como si mis vísceras se deshicieran a su paso (…)”

“(…) Y todo lo demás se borraba, mi cuerpo, y el suyo, y todo lo demás, por eso tardé tanto en identificar el origen de aquellas caricias húmedas que de tanto en tanto me rozaban los muslos como por descuido, contactos breves y levísimos que tras segundos de duda y un instante de estupor me indicaron que Ely seguía allí abajo (…) mientras yo follaba como una descosida, indiferente a aquel pintoresco animal callejero que, de espaldas a mí, se cebaba en las sobras de mi banquete particular”
Me hubiera gustado verlo, ésa fue la última idea coherente que fui capaz de concebir antes de dejarme ir, cuando comencé a sentir los efectos de mis choques con Pablo, cada vez
“Apenas un instante después, todas las cosas comenzaron a vacilar a mi alrededor. Pablo se apoderaba de mí, su sexo se convertía en una parte de mi cuerpo, la parte más importante, la única que era capaz de apreciar, entrando en mí, cada vez un poco más adentro, abriéndome y cerrándome en torno suyo al mismo tiempo, taladrándome, notaba su presión contra la nuca, como si mis vísceras se deshicieran a su paso .
“Me hubiera gustado verlo, ésa fue la última idea coherente que fui capaz de concebir antes de dejarme ir, cuando comencé a sentir los efectos de mis choques con Pablo, cada vez más bruscos, progresivamente cerca de la cabeza, y ya no pude controlar más, me dejé ir, para que él, tres o cuatro empellones más, agónicos y brutales, los últimos, me triturara por fin la nuca, me la rompiera en millares de pequeños pedacitos blandos”
Estaba arrodillado en el suelo, delante de mí. Me cogió de la cintura, me atrajo hacia él, bruscamente, y me hizo caer del sillón.
El choque fue breve. Me manejaba con mucha facilidad, a pesar de que era, soy, muy grande.
Me obligó a darme la vuelta, las rodillas clavadas en el suelo, la mejilla apoyada en el asiento, las manos rozando la moqueta. No podía verle, pero le escuché.
–Acaríciate hasta que empieces a notar que te corres y entonces dímelo.
Jamás había imaginado que sería así, jamás, y sin embargo no eché nada de menos. Me limité a seguir sus instrucciones y a desencadenar una avalancha de sensaciones conocidas, preguntándome cuándo debía detenerme, hasta que mi cuerpo comenzó a partirse en dos, y me decidí a hablar…..
Almudena Grandes.

My Favorite Things

•Julio 1, 2009 • Deja un comentario

Sala de lo Contencioso

•Julio 1, 2009 • Deja un comentario

Vago en desordenada concupiscencia entre el delirio y la sed de Ti.

Mis raíces se esparcen siguiendo la senda de tus encrucijadas.

Intenso vino dominical brota de mis labios como fuente de Baco,

inquietando entre la locura y el deleite a los tormentosos ojos

que precipitan el momento donde mil bocas que son una, beberán de mi.

Contienes la respiración, te sumerges. Palpita mi piel ávida y anhelante.

Vuelas bajo sobre mis precipitaciones, cual halcón oteando la inmensidad de su territorio.

Treinta y dos palabras impúdicas procesándose en mis neuronas.

Una mas que se precipita al vacío y cae entre las yemas de tus dedos.

Décimas de segundo me hacen consciente de que soy mortal mientras un Soplo de aliento efímero, me sostiene.

Voces centenarias concentran su clamor entre las cuatro paredes que nos envuelven.

Aúllan letanías arrítmicas que desvirtúan el compás de las escenas.

Se confabulan cual abejas en ascendente zumbido apoderándose de nuestras mentes.

Encajas mi cabeza entre tus extremidades, me haces zozobrar, me ahogas.

Salinas en el paladar. Hilos de baba descendiendo hacia las convexidades de mi mapa.

Tus pies encadenan mi entendimiento, tu mirada ecléctica condensa mi aceleración.

Gotas de sudor encaminan su peregrinaje entre mis nalgas azotadas por tu vehemencia.

Humo de cigarro negro, cenizas dibujando tu marca en mi cuerpo. Ladra una perra.

More Than Words

•Junio 30, 2009 • Deja un comentario

Infinito Menos Uno

•Junio 30, 2009 • Deja un comentario

Te negaré tres veces
antes de que llegue el alba.
Me fundiré en la noche
donde me aguarda la nada.
Me perderé en la angustia
de buscarme y no encontrarme.
Te encontraré en la luz
que se me esconde tras el alma.

Desandaré caminos
sin salidas como muros.
Recorreré los cuerpos
desolados sin futuro.
Destruiré los mitos
que he formado
uno a uno
y pensaré en tu amor
este amor nuestro
vivo y puro.

Te veo sonreír
sin lamentarte de una herida.
Cuando me vi partir pensé
que no tendrías vida.
Qué gloria te tocó,
qué ángel te amó
que has renacido.
Qué milagro se dio
cuando el amor
volvía a tu nido.

Qué puedo hacer,
quiero saber
que me atormenta en mi interior.
Si es el dolor
que empieza a ser
miedo a perder
lo que se amó.

Será que eres
el amor de mi vida…


Pablo Milanés